El Papel


Distintos papeles, expuestos a circunstancias similares, reaccionan de manera diferente. La variedad de sus comportamientos está determinada -en gran medida- por su materia prima y método de fabricación. 

Los primeros papeles se hicieron en China, alrededor del año 105, utilizando fibras de celulosa aportadas por cáñamo, restos de trapos y cortezas de arbustos. 

La fibra necesaria es siempre celulosa, aunque su fuente ha variado según la época y los países. La celulosa se obtiene de los vegetales. En cada especie, las fibras presentan características particulares que permiten identificar su origen y confieren propiedades específicas a los papeles que producen. 

Los mejores papeles -en cuanto a duración y resistencia- se hacen a partir de plantas con fibras largas y puras. 

Las fibras del algodón se destacan entre otras porque son largas y -ya en su estado natural, sin demasiado tratamiento previo- son prácticamente sólo celulosa. 

Los tallos del lino y del cáñamo son también fuentes de fibras largas, de celulosa muy pura. Algodón, lino y cáñamo fueron utilizados durante siglos para la producción de papeles. Ellos resultaron de excelente calidad y aún hoy se conservan. 

La corteza interna de algunos arbustos orientales (por ejemplo kozo, mitsumata y gampi), se usan tradicionalmente en Japón para fabricar papeles delgados, translúcidos y de una resistencia superior a la de los papeles occidentales. Ellos se usan en restauración, en laboratorios de todo el mundo. 

Desde mediados del siglo pasado, la mayoría de los papeles se fabrican con madera. Si ésta es desintegrada con métodos químicos, se obtiene celulosa muy pura y con ella papeles comparables a los de trapo. Si, por el contrario, la madera es procesada sin previa eliminación de la lignina que contiene, los papeles resultantes tienen poca expectativa de vida. 

Dice Keiko Keyes: "es interesante observar que en Occidente usamos expresiones como: “fino como un papel”, “frágil como un papel” y lo tomamos como símbolo de fragilidad, no de permanencia. En Japón y China, por el contrario, el papel no es considerado frágil: sombrillas, puertas corredizas y ambién kimonos y otros objetos de uso diario, están hechos con papel". Ambas visiones son acertadas. Insistimos, "El papel puede ser muy durable si fué producido con materiales puros y mantenido bajo condiciones favorables. Podemos comprobarlo en los museos,al observar grabados europeos del siglo XV..." 

Para identificar la causa del daño que sufre un papel, es imprescindible comprender las principales cualidades y características de este material. 

Keyes describe la fabricación de una hoja de papel y a partir de allí explica sus principales características: 

"...para hacer papel a mano, se macera en agua el material fibroso hasta que se separa en fibras individuales. Luego de maceradas, las fibras se mezclan con agua y se recogen con una especie de colador o filtro plano. Cuando el agua drena a través del filtro, en la superficie queda depositada una capa de fibras enredadas. Al secarse, este depósito de fibras enmarañadas, será una HOJA DE PAPEL. 

Este entramado de fibras, como en un fieltro, es el primer atributo importante del papel. 

Al fabricar la hoja, las fibras se entrecruzan y se conectan, fijándose en los puntos donde se tocan, dándole al papel fuerza y flexibilidad. 

Pero las fibras no se adhieren entre sí con suficiente firmeza por el simple hecho de entramarse, sino porque al mezclarlas con agua se las golpea, aumentando la hidratación y consiguiendo un desfibrado que posibilita mayor superficie de contacto entre ellas. Sin este golpeteo en presencia de agua, los papeles producidos serían débiles y frágiles, porque carecerían de conexión fuerte entre fibras. Cuando más se golpean, más fuerte es la unión entre fibras y el papel resultante es suave, translúcido y estable cuando se lo expone a humedad". 

Otra característica importante del papel, señala Keyes, es su capacidad de absorber "La celulosa tiene una afinidad natural con el agua, y todos los papeles son higroscópicos por naturaleza. 

Una hoja de papel es una estructura porosa, constituida por fibras huecas, que generan agujeros y poros al cruzarse y ligarse entre sí. Siendo poroso, el papel puede absorber agua, con frecuencia mucha más que su propio peso. Algunos papeles son más absorbentes que otros. 

Los papeles extremadamente absorbentes no son aptos para cierto tipo de escritura, dibujo o impresión, ya que la línea o imagen trazada, se corre. Se puede reducir el grado de absorbencia de un papel, si se lo encola. Tradicionalmente, se aplicaba gelatina, cola, almidón o goma a cada hoja. En los papeles modernos se han usado encolantes como el fatal alumbre-colofonia, muy tristemente célebre entre los conservadores por los daños que causa al papel". 

Con lo dicho hasta aquí, se hace evidente que las características de un papel no sólo dependen de qué tipo de fibras se utilizaron en su fabricación, sino también del tratamiento que éstas recibieron y de qué ingredientes (cargas y encolantes) se agregaron a la mezcla de agua y fibras. 

Las cargas ayudan a lograr el tipo de papel requerido, modificando su opacidad, color y grado de acidez. 

Los encolantes permiten controlar el grado de absorción que tendrá la hoja terminada. Sin ellos, el papel es absorbente como un secante. 

Como dijimos, el tipo de encolantes y cargas que se agrega a las fibras, modifica esencialmente las características del papel. Si se usan encolantes neutros y cargas alcalinas (por ejemplo, carbonato de calcio) el papel tendrá mayor resistencia al daño que producen la luz intensa y el aire contaminado. 

Durante los últimos ciento cincuenta años, se utilizó un encolante llamado alumbre-colofonia que, aplicado a fibras de madera no tratadas con procesos químicos, da como resultando papeles que se tornan amarillentos y quebradizos en poco tiempo. Por esta razón, si observamos papeles de diferentes épocas, notaremos que los del siglo XIX están -en general- peor conservados que los producidos en siglos anteriores. 

Si no se utilizan encolantes neutros, aún las fibras de mejor calidad sufren deterioro. 

Estas consideraciones son importantes para los artistas que buscan soportes duraderos sobre los cuales producir sus obras, para los responsables de generar documentos que deban conservarse y para todos los involucrados en tareas en las que se requiera un papel de larga vida, de los denominados "permanentes". 

En su artículo, Keyes menciona una tercera propiedad del papel: su flexibilidad o capacidad de “ceder”. "Esa plancha de fibras enredadas que es la hoja de papel, no es rígida. Se la puede curvar -con frecuencia hasta un extremo sorprendente- antes que las fibras del papel se quiebren y se rompan (como en un plegado), o se separen entre sí (como en un desgarro). 

"Ceder" es una palabra que elegí para referirme a un aspecto de la flexibilidad del papel: la cualidad de compresión que le permite tomar y retener la forma de un objeto con que se lo presione, como por ejemplo: la punta de un lápiz o el borde de una plancha de grabado o las líneas de un bloque de madera. Esta cualidad de ceder -o comprimirse- es favorecida por la presencia de humedad. Me gustaría comentar otras peculiaridades del papel, derivadas de las cualidades (entramarse, absorber y ceder) que acabo de describir. 

Debido a la última de las cualidades descriptas, las hojas tienen diferentes texturas en su superficie. Algunas son suaves como la seda y otras muestran una textura robusta, con líneas bien espaciadas y superficie rústica. Esto depende de cuán texturada sea la superficie del molde usado para su fabricación y del posterior proceso de secado y prensado. 

Las cargas y recubrimientos -como la arcilla- que se agregan con frecuencia al papel para sellar los poros entre las fibras, cumplen un rol similar al de los “fondos” en la pintura al óleo: aumentan la lisura del papel y su receptividad a la tinta y alteran la reflectancia de su superficie. Debido a su capacidad para absorber, las fibras papeleras aceptan con facilidad anilinas y pigmentos y el papel puede hacerse en varios tonos y colores. Pero para obtener papeles más blancos partiendo de fibras oscuras y también para eliminar las impurezas, los papeleros -tradicionalmente- han blanqueado las fibras antes de formar las hojas. 

Los antiguos métodos de blanqueado -con luz solar, cenizas o leche agria- eran relativamente suaves y no dañinos para las fibras y producían un papel fuerte con un cálido tono blanquecino. En los papeles actuales, las fibras se blanquean con productos químicos y resultan de un blanco deslumbrante. Para aplacarlo, los fabricantes usan colorantes. No parece necesario aclarar que las fibras, de por sí cortas y débiles -sobre todo en papeles modernos como los hechos con madera- se debilitan aún más por la fuerte acción química de los blanqueadores y sus residuos. 

Las hojas de papel varían en peso, o sea en espesor y densidad. Dado que las fibras se entraman muy regular y eficientemente, es posible hacer hojas de papel extremadamente finas. El único límite real para el espesor de una hoja, está dado por la profundidad del molde que se utiliza. 

Las hojas húmedas también pueden superponerse, para hacerlas adherir unas a otras formando un laminado, como es el caso del cartón. 

La orientación predominante de las fibras en una hoja, determina la fuerza y estabilidad de ésta. Cuando el papel se hace a mano, el fabricante agita el molde en todas las direcciones, produciendo que las fibras se crucen y liguen uniformemente en todas las direcciones. Cuando el papel se hace a máquina, las fibras -transportadas a gran velocidad sobre una malla- se alinean paralelas a la dirección en que ésta corre. Los papeles hechos a máquina muestran un grano característico en la dirección en que fueron arrastrados por la malla. Se desgarran con más facilidad a lo largo de la línea del grano y, cuando se humedecen, se expanden y arrugan en la dimensión perpendicular al grano. El papel se expande cuando está húmedo y se contrae cuando está seco. Debido a su capacidad de absorber (naturaleza higroscópica) el papel es dimensionalmente inestable cuando se lo expone a niveles variables de humedad. Cuando cambia el contenido de humedad de un papel, éste se puede expandir y contraer drásticamente; o poco, imperceptible y uniformemente, dependiendo de la longitud de las fibras, su orientación, grado de hidratación, y el espesor o densidad de la hoja. Esta inestabilidad dimensional es tema de gran importancia para el mundo de la Conservación del Papel. 

Una peculiaridad del papel, derivada también de la naturaleza de la celulosa, es su tendencia a degradarse, deshacerse o volverse quebradizo cuando se lo expone a temperatura alta, sequedad, Humedad Relativa alta que estimula el ataque de hongos, luz y ciertos químicos ambientales. Este último punto nos lleva a lo que constituye el campo de trabajo de los conservadores de papel: una serie de dificultades y problemas a los que el papel es susceptible debido a sus cualidades únicas y a su propia naturaleza". 

Keyes plantea que si bien el papel producido con materiales puros y mantenido bajo condiciones favorables puede ser muy durable, todo papel es estructuralmente débil comparado con otros materiales como pergamino, madera, piedra o acero. A diferencia de aquéllos, al papel se lo puede rasgar, quebrar, quemar, cortar o aplastar fácilmente, y destruírlo por completo. 

"Dado que el papel es absorbente, si sobre un dibujo volcamos una taza de café, éste será absorbido de inmediato, manchando el papel. Si el mismo accidente ocurriera sobre la superficie barnizada de una pintura al óleo, se podría quitar el café sin dejar mayores rastros en la pintura. 

La celulosa también tiene la desgraciada propiedad de ser digerible. Sería raro que una vaca o una cabra entraran a una biblioteca, pero son muchos los insectos y hongos que encuentran en el papel algunos de sus alimentos favoritos, como por ejemplo la gelatina y el almidón usados como encolantes. 

La tendencia de la celulosa a ponerse quebradiza cuando envejece, es otro de los problemas serios que sufre el papel. Su envejecimiento prematuro es causado por ácidos que lo atacan desde muchas fuentes: gases en el aire de las ciudades, emanados de los autos y las industrias; gases desprendidos de la madera de una caja en la que se lo guarda; impurezas en la composición de un cartón sobre el que está enmarcado. 

Los ácidos también pueden desarrollarse en el propio papel, a partir del alumbre usado para encolarlo; de la lignina no extraída de entre sus fibras; de los residuos de los químicos con que se lo blanqueó; o de otras impurezas. También son altamente acídicas las tintas metalogálicas. 

Todas las fuentes mencionadas provocan la decoloración, fragilización y eventual desintegración del papel. 

El interés en el arte y las antigüedades ha aumentado muchísimo en nuesta época, y en consecuencia ha aumentado la cantidad de objetos en papel que se han puesto en exhibición en las paredes y vitrinas de museos y de casas particulares. 

En ese estado de exhibición, el papel está a merced de la luz, de las fluctuaciones de humedad y temperatura, y del aire contaminado. Estos elementos causan un considerable daño directo y además actúan como catalizadores, acelerando reacciones que podrían haber quedado latentes. Al activarlas, el papel queda bajo su influencia y se deteriora mucho más rápidamente. 

Los metales se oxidan y se deshacen. La madera se tuerce, se parte y los insectos pueden convertirla en un encaje. Pero el papel, es vulnerable al daño desde todos los frentes. Como un niño sensible con la salud delicada, el papel es más susceptible, tiene menos recursos para obtener ayuda y menos chances de sobrevivir a sus muchos y variados daños, que otros materiales más robustos"



Fuente: 
Fundación Patrimonio Histórico. El Papel: Sus cualidades escenciales[on line].